Crítica de Estrenos

El Gran Gatsby la vuelta de Luhrmann y Dicaprio

Baz Luhrmann dirige la adaptación de la célebre obra de Fitzgerald, El Gran Gatsby, y lo hace con la elegancia que identifica a su escritor pero con su toque moderno y romántico.

Baz Luhrmann dirige la adaptación de la célebre obra de Fitzgerald, El Gran Gatsby, y lo hace con la elegancia que identifica a su escritor pero con su toque moderno y romántico.

El glamour de Luzhrman

¿Quién es Gatsby? Nick observa esa silueta sobre la ventana de la imponente casa de al lado y se pregunta sobre esta figura misteriosa.

Baz Luhrmann dirige una película que no se decide entre ser una película romántica o un drama crítico de una sociedad. Es que en realidad comienza como esta crítica, pero luego va quedando de lado para ahondar en esa historia de amor. Si a algo le gusta a Luhrmann, son las historias (trágicas) de amor.

Pero también los grandes despliegues escénicos y musicales. Por eso al principio la película rememora y mucho a Moulin Rouge. Sin necesidad de ser un musical, él encuentra razones más que suficientes para presentar coreografías milimétricamente ensayadas, y jugar con la música, esta vez con una banda sonora producida por el rapero Jay Z, que además tiene temas de Florence Welch, Lana del Rey y Jack White, ecléctico y moderno.

Tobey Maguire es Nick, un intento de escritor que mucho no escribe y se dedica entonces a los bonos. Es primo de Daisy, una Carey Mulligan muy bonita y delicada, que vive cruzando el río.

Un día Nick recibe lo que nunca nadie más: una invitación a una de las multitudinarias fiestas que realiza J. Gatsby, el multimillonario que vive al lado suyo, alguien de quien todos oyeron hablar pero que nadie vio. Por supuesto, él es Leonardo Di Caprio, actor que ha demostrado que todo lo puede y que poco importa si la Academia se encarga o no de reconocérselo.

En esta fiesta multitudinaria e íntima, como describe el personaje interpretado por Elizabeth Debicki, actriz apenas conocida pero que aquí destaca por sobre el resto de las figuras femeninas, Gatsby va a presentarse especialmente ante Nick. Porque, claro, había otra razón tras la invitación.

Daisy, casada con Tom, hombre que tiene sus deslices todo el tiempo pero siempre vuelve a ella, que vive una vida llena de lujos pero aburrida, es invitada por su primo a tomar el té. Y entre flores y pasteles lo encuentra, se reencuentra con él, con Gatsby, con el amor que tuvo hacía cinco años y que por algún motivo que todavía no conocemos se separaron.

Y con él encuentra diversión en todos esos lujos, en los bailes, en las cientas de camisas, en su playa. “Desearía haber hecho todas las cosas del mundo contigo”, le dice ella. Y es que ambos añoran un tiempo perdido. “No se puede repetir el pasado” le remarcan a Gatsby, pero él confía en que sí puede hacerlo, en que todo puede hacerlo, si pudo convertirse en El gran Gatsby.

Un reloj. El faro. Los ojos del cartel. Un collar de perlas que se rompe. Los símbolos están muy marcados, a veces demasiado (el constante plano al cartel a veces hasta descoloca, hasta que llega la escena en que cobra sentido: “Dios todo lo ve”).

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Leonardo Di Caprio no sorprende, vuelve a lucirse. Tobey Maguire hace lo que puede, como puede. Daisy está divina, pero se la siente más fría, y exagerada en algunos rasgos. Isla Fisher está muy bien como Myrtle, lo opuesto a Daisy, voluptuosa, alegre, espontánea. Joel Edgerton como Tom también está muy correcto, logrando que al final no podamos decidirnos entre quererlo u odiarlo.

Majestuosas y extravagantes escenas, derivan en un final inevitable. Es cierto que por momento se percibe que todo recae más en lo superficial, la estética, los vestuarios, los decorados. Pero al fin y al cabo un poco de eso se trata el film y la novela, de apariencias.

El Gran Gatsby se crea a sí mismo del mismo modo en que Luhrmann cuenta esta historia, con decorados y exageraciones.

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