Crítica de Estrenos

Corazon de Leon un amor diferente

Corazon de Leon uno de estrenos de esta semana con Guillermo Francella y Julieta Diaz

Guillermo Francella y Julieta Diaz nos cuentan de la mano de Marcos Carnevale en Corazón de León, una historia de amor entre dos personas diferentes pero que nacieron el uno para el otro.

“No hay gerundios en el amor”, dice el personaje que en general suele tirar siempre la posta en las películas: el de la amiga, la confidente, y la consejera. No existe el “creo que me estoy enamorando”, es todo o nada, le hace saber de manera frontal y dura, porque es así la mejor forma de que algo te entre en la cabeza, el personaje de Jorgelina Aruzzi a la protagonista.

La película empieza en la nada de Ivana, sola en su departamento, enojada con la vida o con ella misma, hasta que suena el teléfono. Del otro lado, un hombre le habla, de manera amable y seductora, le dice que encontró su celular y pretende devolvérselo. Sin darse cuenta, quizás por primera vez en mucho tiempo, Ivana logra soltarse y termina contándole algunos de sus problemas, que residen por sobre todas las cosas en su ex, que es ex desde hace tres años pero sigue siendo socio y aparentemente no puede salir de su vida, porque no quiere hacerlo.

La conversación se torna tan amena, que deciden encontrarse al otro día, y la devolución del celular no es más que una mera excusa. “Casa” la llama León a Ivana, ya que así estaba agendada en su propio celular, y así es un poco cómo lograrán sentirse después, como en casa.

corazon de

Ivana ve por primera vez a León y ve lo que todos, a un hombre enano, pero que lleva una sonrisa y una actitud con mucha personalidad y si bien su primera reacción es de sorpresa, no tarda en desaparecer. Y así como en pocos segundos de esa llamada logró que Ivana se soltara con sus problemas, en unas pocas horas logra que Ivana se suelte de otro modo, más físico, y la invita a tirarse en paracaídas, cosa que la aterra pero a la que se deja llevar, siempre de la mano de León.

Al otro día, Ivana ya no es la misma. Se lo percibe en su forma de andar, en su rostro relajado, en su sonrisa inevitable. León no la llama. O mejor dicho, ella no espera a que él lo llame. Y deciden seguir conociéndose.

A continuación tenemos una historia de amor que pasa por todas las etapas de cualquier historia de amor que hayamos vivido. La curiosidad, la atracción, la fascinación, el conocerse, el decidir pasar tiempos juntos, el darse cuenta que de repente todo se vuelve muy serio, el asustarse, y por último, tomar una decisión.

Pero para Ivana no es fácil. “No es nada grave, es distinto”, le dice él. Y eso es con lo que toda la vida tendrá que lidiar él, con el ser distinto, y ella también si decide darle rienda al amor, algo que hasta ahora no sabía lo que era.

León le reprocha en un momento, sin querer que suene como un reproche pero a la vez sin poder evitarlo, que ella nunca lo llevara a ninguna reunión social con sus familiares o amigos, mientras ella ya conocía su casa y a su hijo (interpretado por el hijo de Francella en la vida real, Nicolás Francella).

La película poco se parece a lo que uno puede esperar desde el póster. Francella como un enano sí, puede ser gracioso, pero por suerte, no reside allí lo principal del relato. Porque también puede ser encantador y puede lograr conmoverte de un modo que no imaginábamos que podía hacerlo. Corazón de León es ante todo una película romántica, una historia de amor.

Marcos Carnevale es el director que ya nos había contado la hermosa historia de amor de Elsa y Fred (que próximamente tendremos en versión hollywoodense), y conmovido con Anita, con desparejo resultados. Ahora dirige a Guillermo Francella y Julieta Diaz, los pone en pantalla, con sus defectos y virtudes, a que se enamoren, a que se asusten, a que sientan, a que se quiebren, al fin y al cabo, a que vivan.

Francella está tan bien como siempre, sabiendo manejar tanto el humor como el drama y cada uno en su momento adecuado, y Julieta Diaz probablemente mejor que nunca, como una mujer a la que consideran perfecta pero ella sabe que está llena de defectos, no visibles.

Y es que si en algo quizás la película falla, es en hacer demasiado visibles los defectos físicos de diferentes personajes (el protagonista enano, pero también está el gordo, y el sordomudo) para acentuar un mensaje que ya estaba claro: la posibilidad de liberarse o de aprender a vivir con los prejuicios, de uno y del otro. El aceptar al otro como es, todo el paquete.

La película cuenta con un gran trabajo en los efectos especiales con el personaje de León, aunque a veces se nos dificulte no ver a Francella enano en lugar de a León, ya que hay ciertos momentos en los que el personaje explota de un modo en el que el actor lo ha hecho ya con otros personajes. Pero Corazón de León no es la película para aquel que sólo espere una comedia burda sobre un enano, sino una película sobre el amor. Termina siendo una sorpresa, algo que inesperado y agradable. Es, valga la redundancia, una película con mucho corazón. No es perfecta, porque como bien nos lo dice, nadie lo es, pero es mejor de lo que uno imaginaba.

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