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BAFICI 2014: Stray Dogs de Tsai Ming Liang

Pocas veces en el cine, tenemos el placer de ver películas de este magnífico director que puede con un plano estático de 5 minutos hacerte entender y sentir más cosas que dos horas de cine clásico. Por suerte para los cinéfilos, y sobre todo para sus fanáticos (como yo) cada tanto el BAFICI proyecta una de sus obras maestras (que también han circulado por el festival de Mar del Plata) permitiéndonos vivir una experiencia cinematográfica única.

Pocas veces en el cine, tenemos el placer de ver películas de este magnífico director que puede con un plano estático de 5 minutos hacerte entender y sentir más cosas que dos horas de cine clásico. Por suerte para los cinéfilos, y sobre todo para sus fanáticos (como yo) cada tanto el BAFICI proyecta una de sus obras maestras (que también han circulado por el festival de Mar del Plata) permitiéndonos vivir una experiencia cinematográfica única.

BAFICI 2014: Stray Dogs de Tsai Ming Liang - Visión del Cine
BAFICI 2014: Stray Dogs de Tsai Ming Liang – Visión del Cine

 

Stray Dogs  no es la excepción, y eso lo podemos comprobar desde el primer plano que se nos muestra en la película, dos chicos durmiendo en una cama, una pared derruida, llorando lo que esos chicos no pueden llorar y una mujer casi sobrenatural sentada en la punta de la cama, pensando, pensando y pensando. Y el espectador ya está adentro, o está afuera, no hay punto intermedio con este director.

Contando la historia de un padre y sus dos hijos, de clase muy baja, y su intento por acercarles día a día el pan, el sustento y un poco de alegría, el director nos muestra una ciudad igualmente prolífica y abandonada, al igual que esos trabajadores que, cual empanada que baila en un semáforo, funcionan como carteles inmobiliarios vivientes, humanos transformados en objetos, en lugar de objetos humanizados.

Y en oposición a eso, los decorados que nos muestran toda una gama de sentimientos y emociones de calidad netamente humana. Tsai Ming Liang se caracterizo siempre en su obra por la perfección de los escenarios en donde filma, y la cuasi mágica puesta de escena que los transforma en algo casi fuera de este mundo. En este caso, suma además de eso, la artificialidad de una pared pintada con un detalle y perfección absoluta, a la cual nos vamos a ver obligados a observar, y en el mismo proceso, penetrar, generando dentro de la misma metáfora del decorado, una nueva interpretación, al poner a flor de piel nuestras emociones como espectador.

Otro punto de reformulación del director en esta película, tiene que ver con su recurrente revisión al objeto “agua” que puebla (desde su presencia y ausencia) toda su filmografía. En este relato de deshumanización y degradación, el agua toma además la forma de su opuesto inmediato, no la sequia, sino la orina, a la cual visita repetidas veces a lo largo de la película. Lo cual nos recuerda otra cualidad de este director, cuya sensibilidad y precisión en la puesta en escena, nos ha mostrado momentos que hubiesen sido sketchs de Alberto Olmedo en manos de otro director, pero que en su caso, dejan muda a la audiencia, nadie se ríe, nadie se incomoda, nadie se levanta y se va, simplemente uno mira la pantalla, absorto por la claridad con la cual el director transmite una idea que trasciende todos los preconceptos con los que entramos a la sala.

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Un punto muy importante a destacar son las actuaciones. Los dos actores principales (padre y empleada de supermercado) tienen una cualidad expresiva que emociona hasta las lagrimas, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de golpe bajo.

Si hay algún imperdible este año en el Bafici, y si hay alguna película que alguien decidiese distribuir en el circuito comercial, para sacar al publico de, paradójicamente, el cine comercial, es esta. Puntaje perfecto para mí. Gracias Tsai Ming Liang, gracias de nuevo.

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