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Competencia Internacional: Eva no duerme, de Pablo Agüero

Pablo Agüero dirige Eva no duerme, una de las películas argentinas (en coproducción con España) de la Competencia Internacional del Festival de Cine de Mar del Plata, y decide contar a su manera la historia de qué pasó con el cuerpo de Evita Perón.

Pablo Agüero dirige Eva no duerme, una de las películas argentinas (en coproducción con España) de la Competencia Internacional del Festival de Cine de Mar del Plata, y decide contar a su manera la historia de qué pasó con el cuerpo de Evita Perón.

Hay mucha historia y versiones sobre lo que pasó con el cuerpo de Eva Perón una vez fallecida. Hay mucho mito, un mito casi tan grande como en el que ella supo convertirse. Pero el director Pablo Agüero decide enfocarse sólo en tres momentos claves y en esos tres actos (el embalsamador, el transportador y el dictador) unidos por la imagen y voz en off de Gael García Bernal como Massera.

No es la única decisión arriesgada que toma a la hora de construir su película, sino que tiene varias curiosidades. Algunas, más cercas del detalle, como la utilización de actores extranjeros (además de Bernal, Imanol Arias y Denis Lavant forman parte de la película) para interpretar personajes argentinos. Y otras, que aportan a nivel narrativo, como la intercalación de momentos ficcionalizados con un tono más bien surrealista con las imágenes de archivo que terminan de retratar a Eva Perón como mito. Un mito que no muere.

Hay un trabajo cuidado a la hora de construir imágenes (hay también muchas influencias de cineastas como Kubrick y Lynch). Además, Eva no duerme está principalmente formada de planos secuencias, lo que aporta algo muy teatral (incluso las actuaciones pecan de ser exageradas, ayudando a enfatizar ese tono surrealista).

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Agüero asegura no haber querido hacer una película propagandista pero más allá de no serlo precisamente, no deja de ser una oda a Evita, un personaje que no está pero está todo el tiempo presente, cuya presencia es más fuerte que la de cualquiera de los personajes que vivos que retrata la película.

Las actuaciones en general están bien pero hay cierto desparejo, siendo Daniel Fanego como el General Aramburu el que más se resalta por su labor actoral.

El tono del film es extraño. Con escenas que parecen salidas de una película de terror (lo macabro, tétrico, la obsesión con el cuerpo, la necrofilia dice presente una de manera a veces menos sutil que la otra). Es que la película no pretende ser una lección de historia ni nada similar.

La historia que rodea al cadáver de Evita parece salido de una película, es verdad. Y esa especie de pesadilla a la que parece pertenecer es la que retrata a su manera peculiar Agüero. Y si bien intenta ser imparcial, en realidad, sin ser propagandista, la película se siente como una oda a Evita.

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