Crítica de Estrenos

Estreno El Hijo Perfecto de Sanna Lenken

Se estrena la película sueca El hijo perfecto, ópera prima de Sanna Lenken.

La directora Sanna Lenken elige un tópico que no le es ajeno, el de la anorexia, para contar una historia que en realidad va mucho más allá de ese tema, para enfocarse en dos hermanas y su relación entre celos y comparaciones. El hijo perfecto en realidad expone las consecuencias que conlleva querer llegar a un estándar de perfección, por lo tanto imposible de alcanzar.

Stella es una niña entrando en la tumultuosa adolescencia. En esa época en la que debe luchar con mil sensaciones e inseguridades nuevas, toma como referente a su hermana mayor, una entrenadora de patinaje sobre hielo que parece tener un brillante futuro. Pero lo que primero parece atractivo, es hermosa, delgada y decidida, mientras ella se encuentra acomplejada y gordita, luego empieza a mostrarse como realmente es. Lenken opta siempre el punto de vista de la niña, aquella que quiere ser como su hermana (probablemente porque quiere ser premiada, reconocida en su familia como ella lo es) pero es luego también la única capaz de verla como realmente es, en medio de padres que a veces no saben cómo reaccionar, sobre todo cuando ni siquiera saben abrir los ojos.

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Así como Katja, la hermana mayor, es decidida en su afán de entrenar hasta no dar más y dejar de comer para ser tan delgada como su vida se lo permita, Stella comienza la película segura de querer ser así (la imita en sus actitudes, hace caso literal a todo lo que dice, y hasta llega a probarse su traje de patinaje), pero los resultados no son los mismos, ya que ella ni siquiera logra pasar las pruebas. El torbellino de sensaciones encontradas en Stella se acrecienta cuando descubre que su hermana no come y si lo tiene que hacer, lo vomita. A partir de ese momento, ya no sabe cómo reaccionar, porque se debate constantemente entre lo que le conviene a su hermana, que por supuesto no quiere verla muerta, y lo que le conviene a ella misma, tras ser extorsionada respecto de un enamoramiento hacia su entrenador.

Rebecka Josephson como Stella y Amy Diamond como Katja saben entregarse a sus personajes, la primera de un modo más sutil, la segunda poniendo más su cuerpo. A la larga, la película retrata esa relación mezcla de admiración y celos, amor y envidia. No hay una intención de Lenken de hacer un retrato (otro más) sobre la enfermedad, aunque sí sabe exponerla de una manera cruda, con sus estadíos y todo lo que puede generar en los miembros de una familia que no entienden en qué momento pasó y quién tuvo la culpa. Sin embargo, más allá de esos momentos que apelan al drama, la película también sabe encontrar un tono más humano, simpático probablemente producto de la complicidad que uno como espectador siente de manera inmediata con su protagonista.

En cuanto a lo más formal a nivel técnico, Lenken presenta un típico cine independiente de autor. Los planos cerrados y estáticos predominan, a veces difusos en los momentos claves en que su pequeña protagonista es testigo de algo que sólo ella parece ver.

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