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Entrevista: Olivier Assayas “El cine no está hecho para dar opiniones”

Es uno de los cineastas más respetados de la actualidad. Sus películas convocan en las salas y logran una serie de premios en los festivales y competencias en los que se presenta. Olivier Assayas es una de las grandes visitas de la 31 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en donde presentará su último filme Personal Shopper y una retrospectiva de su obra.

Es uno de los cineastas más respetados de la actualidad. Sus películas convocan en las salas y logran una serie de premios en los festivales y competencias en los que se presenta. Olivier Assayas es una de las grandes visitas de la 31 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en donde presentará su último filme Personal Shopper y una retrospectiva de su obra.

Visión del Cine estuvo en un exclusivo encuentro con la prensa para dialogar con el realizador y acá acercamos sus impresiones.

“La realidad temática de mis películas no es el cine en sí, sino lo que me interesa es la realidad y el mundo. En realidad, ese es el objeto de toda representación artística: representar al mundo y a la percepción humana del mundo. Esa es la primera o principal fuente de inspiración para mí. Desde muy joven, cuando era muy chico, decidí que iba a consagrar mi vida al cine. No hubo momento de duda o vacilación. En ese momento yo decidí que el cine iba a estar en el corazón de mi existencia y es una decisión que nunca lamenté” indicó ante la consulta sobre justamente su relación con el mundo y la realidad.

¿Tuvo tu padre influencia en tu obra?

Es una realidad que yo amaba a mi padre, pero también que yo abordé el cine sin tener necesariamente en cuenta sus consejos. El estaba inscripto en una escuela cinematográfica más bien artesanal, y yo siempre desconfié un poco de ese abordaje. Yo siempre traté de orientarme hacia una búsqueda de la libertad vinculada a la Nouvelle Vague, que está opuesta en ciertos aspectos a las reglas de la ‘industria’ cinematográfica. Al mismo tiempo, en mi familia había una visión dual respecto al cine, porque mi padre no veía al cine como un medio ‘artístico’: para él, las verdaderas artes eran la pintura y la literatura. Es decir que yo crecí con un contacto bastante cercano con el cine pero con valores más orientados al amor por la pintura y la literatura, no sólo del lado paterno, sino también del materno.

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¿Te cuesta mucho ser rupturista?

Es al mismo tiempo un beneficio y un maleficio. Yo considero que mis películas marcan una ruptura no sólo en lo estético, sino también desde el punto de vista del financiamiento. Para mí siempre muy difícil conseguir financiamiento para mis películas, a tal punto que al día de hoy yo suelo utilizar para rodar mis películas un presupuesto usualmente menor, más limitado que el que es facilitado a otros cineastas franceses de mi generación. Tanto es así que he rodado algunos films en idioma inglés, con lo que no tengo acceso al sistema de financiamiento del cine de mi país. A mí siempre me ha interesado cuestionar la idea del cine como medio y las reglas que existen en él. No solamente al cine como industria, sino también al ámbito del cine independiente. Yo pienso que el arte, y el cine en particular, tiene ese costado de exploración, de búsqueda, que es importante tener en cuenta para poder inventar nuevos espacios. Y es por ese motivo que a veces soy visto con cierta sospecha, sobre todo por los responsables de la financiación de las películas.

¿Por qué en “Personal Shopper” trabajas con lo esotérico y lo fantasmal?

Es un film que aborda una tensión que nos atraviesa a todos, que es la tensión entre el mundo material y el mundo interior, el espiritual, de la imaginación. Yo en lo personal no profeso una fe religiosa. Tampoco creo en los fantasmas, pero para el caso tampoco creo en la realidad, así que se equilibran un poco las cosas. En cuanto a lo real, está filtrado por nuestra subjetividad. El exterior no existe más que en cuánto entidad habitada por nuestras ansiedades, nuestros sueños, nuestras fantasías. Respecto a los fantasmas, yo creo que lo fantasmal se puede definir como un diálogo que nosotros entablamos entre el inconsciente y el exterior. Desde ese punto de vista, no creo en la existencia de la vida después de la muerte, pero sí creo en el diálogo que uno entabla con los muertos. Ese diálogo nos constituye, forma parte de nosotros.

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¿Cómo va a ser la colaboración con Roman Polanski?

Escribí el guión para la nueva película de Roman Polanski, que acaba de empezar a rodarse hace una semana. Hace mucho tiempo que no colaboraba con otro cineasta y colaborar con Polanski es algo muy bueno para mí, porque es una persona que estimo mucho y con la que comparto muchas cosas. A mí me parece que lo que está faltando en el cine contemporáneo es un vínculo con lo inconsciente. Es como si el cine contemporáneo desconfía del inconsciente, habla poco de él. Por el contrario, el cine de género habla mejor del tema del inconsciente. Casos como el de Cronenberg o Carpenter, que se dedican al cine de género, hablan del inconsciente de una manera más inteligente y profunda. Eso para mí constituye una fuente de inspiración.

¿En El otro lado del éxito quisiste criticar al mundo del consumo?

Yo no percibo a este film como una crítica a los medios de comunicación o a la cultura de las celebrities. Lo que intento allí es representarlos como hechos concretos, que pertenecen al mundo actual, un mundo en el que vivo y en el cual me integro. A mí me parece que el cine no está hecho para dar opiniones, sino para mostrar las ambivalencias y la complejidad de este mundo.

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¿Cómo es trabajar nuevamente con Kristen Stewart?

A veces tengo la impresión de que las películas existen porque hay una actriz que puede jugar un rol en esas películas. Yo puedo tener la confianza para que esa historia que acabo de desarrollar pueda ser representada por alguien. Por ejemplo, con Personal Shopper, si yo hubiera querido filmar la película en francés, me hubiera resultado extremadamente difícil encontrar una actriz francesa que pudiera representar a ese personaje de Kristen Stewart, con toda su complejidad y toda su riqueza. Ella tiene una personalidad increíble, un talento que se complementa a la perfección con mi inspiración. Y tiene algo fundamental: está muy anclada en lo real, en la verdad, en lo encarnado. Eso se proyecta a todo lo que toca. Eso me dio el permiso de poder imaginar un personaje con un cierto grado de abstracción, porque ella luego lo iba a dotar de ese componente verídico. Eso es algo verdaderamente precioso.

¿Cómo pensaste tu trabajo en Carlos, miniserie en la que una vez más trabajas con fantasmas?

Todas las películas hablan sobre fantasmas. Siempre que uno se conecta con la ficción, esa ficción está nutrida por la temática de lo fantasmal. Cuando uno escribe una historia, se alimenta de experiencias previas y crea personas que ya han ocurrido y desaparecido, que ya no existen. Es una especie de hacer revivir a las personas y experiencias. En el caso de Carlos, habla de alguna manera de esos fantasmas. Para mí, lo verdaderamente apasionante de hacer esta producción, fue hacer un film de cinco horas y media más dirigido al cine que a la televisión. La posibilidad de contar esta historia de una manera novelesca utilizando una materia, un material que es el documental y jugando en una frontera bastante difícil de dominar, que es la reconstrucción del pasado, la reconstrucción de la historia. A mí me parece que el cine tiene la responsabilidad de la verdad de la representación.

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¿Antes hablabas del cine como expresión sin opinión, en la escritura sí te permitis hacerlo?

Hablando de Carlos en ese caso, voluntariamente me constreñí, me autolimité, porque tanto yo como todo el mundo tenemos un punto de vista sobre el tema de Carlos, pero traté de que no se trasluciera eso. Cuando uno está lidiando con una temática difícil, como es la de la política, o sensible, como el terrorismo, la idea es ser extremadamente verídico, fáctico, exacto en la transmisión de la información. Lo que a mí me interesó al encarar este proyecto fue el trabajo periodístico e histórico. Salvo algunas bisagras que fue necesario incorporar para facilitar la evolución de la historia, la materia esencial es lo que pertenece a lo documentado, es decir, los reportes de la policía, las escuchas telefónicas, los recuerdos de los protagonistas reales. No era mi idea abordar la historia desde un lugar polémico, subjetivo, no me parecía que era lo que correspondía, porque lo que uno estaba narrando era un trozo de la historia verídica, de la historia real.

¿Por qué trabajas con géneros tan disimiles entre sí que llevan diferentes representaciones del mundo?

Tenemos a los cineastas que hacen siempre el mismo tipo de películas, y muchos de ellos son grandes cineastas, mantienen una misma constante, el mismo tipo de personajes, el mismo tipo de género, y de esa manera logran representar lo universal. Luego hay otro tipo de cineastas, con los que me identifico, que abordan la diversidad y complejidad del mundo. En realidad, lo que es diferente no son mis películas, sino el mundo, eso es lo que plantea diferencias. Cada uno experimenta el mundo a su modo y de una forma que no es unidimensional. Si se quiere, lo que le da homogeneidad a mi obra es la libertad de ver al mundo siempre desde ángulos diferentes, aunque siempre esté viendo el mismo mundo. A veces, la existencia de ese mundo está descripta desde el pasado, como en el caso de Los destinos sentimentales. Otras veces está inscripto en el ultra-presente, como en Irma Vep o Personal Shopper. Lo que siempre me ha interesado y es algo transversal en mi obra, es el desplazamiento del espacio y el tiempo.

¿Qué opinión te merece el Festival?

Hace menos de 24 horas que llegué y no puedo ser demasiado pertinente, pero me da la impresión, de acuerdo al contacto que he tenido con el festival, es que está en contacto con lo más ambicioso, lo más artístico de la filmografía mundial y que transpira, deja traslucir un amor por lo mejor del cine, por lo que me siento muy contento de estar acá.

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