Crítica de Estrenos

Kong: La Isla Calavera de Jordan Vogt-Roberts

En Kong: La Isla Calavera regresa uno de los icónicos monstruos del cine para instalar una nueva franquicia. Esta vez dirigida por Jordan Vogt-Roberts.

En Kong: La Isla Calavera regresa uno de los icónicos monstruos del cine para instalar una nueva franquicia. Esta vez dirigida por Jordan Vogt-Roberts.

Con un director que viene del cine indie (Jordan Vogt-Roberts dirigió la inédita en nuestro país The Kings of Summer) y un grupo de guionistas (Max Borenstein, John Gatins, Dan Gilroy y Derek Connolly) que trabajaron en películas como Godzilla y Jurassic World, regresa King Kong, más enorme que nunca. Enorme en cuanto al tamaño del animal, pero sobre todo enorme en cuanto a película y dónde toda la acción que no tuvo la Godzilla de Gareth Edwards (2014) está puesta acá.

La historia es conocida: se arma una expedición y se viaja a una isla remota y allí se encuentran con criaturas de monstruosas proporciones. Entre ese grupo que llega con la genial idea de tirar bombas en la isla, una fotógrafa joven bonita (Brie Larson), para que el monstruo pueda verse y sentirse humano en algún momento y el protagonista masculino: un antihéroe (Tom Hiddleston), terminan de completar el equipo. En el medio, escenas de acción, persecuciones y efectos especiales por doquier que terminan suplantando el desarrollo y la profundidad de los personajes.

Kong: La Isla Calavera es una película entretenida, llena de acción y divertida, con un humor a veces más bien negro. Pero no mucho más y termina siendo un entretenimiento pasatista. Poco importa o nos terminan interesando los personajes humanos, no interesa que tengan los rostros lindos y queribles de Larson y Hiddleston, acá muy deslucidos, ni tampoco esa especie de villano en el que se convertirá Samuel L. Jackson. El único que le aporta un poco de alma al film es John C. Reilly, aquel hombre que quedó hace largos años varado en esa isla y supo sobrevivir y adaptarse.

Kong: La Isla Calavera de Jordan Vogt-Roberts

El monstruo es más grande que las versiones anteriores y no tarda en mostrarse. No hay necesidad de crear un suspenso mayor, nosotros ya sabemos quién reside en esa isla, como un verdadero rey protegiendo a ese pueblo de un mal de peor apariencia. Un pueblo que no aparecerá más que de modo funcional y sobre el que no se ahondará ni un poco.

A nivel visual, los colores y el modo de filmar la acción, lejos de tanto golpe de efecto y cortes abruptos, se percibe un cariño por el cine clase B, hay referencias claras a Apocalypse Now y escenas que recrean a su modo aquellas icónicas de las King Kong predecesoras. Lo que molesta un poco a veces es el uso excesivo que se hace de la ralentización en varias de las escenas de acción. La rockera banda sonora termina de imprimirle estilo al film.

Su tono irregular y su pobre desarrollo de personajes hacen de Kong: La Isla Calavera poco más que una película de aventuras entretenida, bonita en su envoltorio. Es aconsejable quedarse hasta el final de los créditos (que son largos. Sí, en estas películas trabaja demasiada gente), donde una última escena termina de definir cómo continuará esta franquicia.

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