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Competencia Vanguardia y Género: Fuddy Duddy de Siegfried Fruhauf, Keep That Dream Burning de Rainer Kohlberger, At Yours Heels de Azucena Losana y Rudzienko de Sharon Lockhart

Tres cortometrajes experimentales y un mediometraje rodado en un centro para adolescentes en Polonia.

Tres cortometrajes experimentales y un mediometraje rodado en un centro para adolescentes en Polonia.

Fuddy Duddy  es un ejercicio visual que durante sólo unos minutos y en blanco y negro utiliza una simple grilla para crear diferentes imágenes. El acercamiento es excesivo logrando así diferentes figuras. Afortunadamente el film sólo dura esos minutos porque, si bien la experiencia de verlo resulta hipnótica en principio, no tarda en sentirse molesta.

De seguro no apto para epilépticos.


Keep That Dream Burning es otro cortometraje experimental. En este caso son unos pocos minutos en los que el director nos expone a unas partículas que van cambiando de forma y tamaño y así generan diferentes ilusiones ópticas. Todo esto acompañado del llamado ruido blanco.

Por momentos se parece a aquello que uno ve, o cree ver, cuando cierra fuerte los ojos y en medio de esa nada empiezan a aparecer figuras y colores indescriptibles e inquietos.

Como en Fuddy Duddy, más allá de la impactante experiencia sensorial lo que al principio resulta hipnótico pronto comienza a agotarse.

Competencia Vanguardia y Género: Fuddy Duddy de Siegfried Fruhauf, Keep That Dream Burning de Rainer Kohlberger, At Yours Heels de Azucena Losana y Rudzienko de Sharon Lockhart
*** Local Caption *** Fuddy Duddy, , Siegfried A. Fruhauf, A, 2016, V’16, Kurzfilme

En At Your Heels la directora mexicana realiza una especie de diario de  viaje visual a través de Buenos Aires y Praga. Con uso del time lapse, que generalmente suele ser estático y acá no, se van retratando lugares, rincones, detalles.

El cortometraje se aleja de lo que podría haber parecido simplemente un video de viaje para registrar estos pequeños momentos con notable sensibilidad en sólo tres minutos en 16 mm.


En Rudzienko, a través de algunos fragmentos, Lockhart instala la cámara y observa. Observa a las adolescentes que viven en ese centro, las observa ser. Jugando, bailando, trepando un árbol, o conversando, sobre la vida, las amistades, los miedos, la muerte.

El film está rodado en Polonia y, por lo tanto, hablado en polaco. Pero en lugar de poner subtítulos a lo que dicen las chicas en el momento en que hablan, antes o después de cada escena (si esa escena tenía diálogos, porque en algunas no se escucha hablar a nadie) hace correr en una pantalla en negro la traducción al inglés de estos diálogos.

“Uno crea su propio camino”, dice una de las chicas, convencida de que pase lo que pase, todavía una tiene cierto control sobre su vida.

La película se filmó durante tres años en este centro mientras Lockhart hacía diferentes ejercicios con las chicas con el fin de que pudieran encontrar su voz. No obstante, ésta es una información que, salvo que se haya investigado previamente, uno no tiene a la hora de verla, aunque algo se va deduciendo ya bastante más avanzada. De hecho, la primera imagen es la de un árbol en medio del campo y dos senderos que se cruzan, estática, dónde sólo algún personaje pasa por enfrente en algún momento. Recién en el traspaso de la voz a la palabra, las escenas van resignificándose.

Los momentos de silencio (en realidad no es un silencio absoluto, sino el silencio que provoca un lugar tranquilo donde quizás sólo oímos el viento a través de los árboles o algunos pájaros), y la repetición de los diálogos pretenden brindar un espacio reflexivo.

Aunque de buenas intenciones e ideas a simple vista ingeniosas, a Rudzienko no se la termina de sentir lo suficientemente profunda.

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