Crítica de Estrenos

Conjuros del más allá de Jeremy Gillespie y Steven Kostanski

Dirigida por Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, Conjuros del más allá es una película de terror que se nutre de las clásicas del género pero no logra levantar vuelo propio.

Dirigida por Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, Conjuros del más allá es una película de terror que se nutre de las clásicas del género pero no logra levantar vuelo propio.

Una premisa atrapante y unas imágenes seductoras para cualquier amante del género, Conjuros del más allá empieza con todas las fichas puestas. La locación principal: un hospital con pocos empleados ya que se encuentra en plena mudanza. Los personajes: una doctora, una enfermera, un policía, una paciente y dos hombres que irrumpen. No tardan en descubrir que no pueden salir porque afuera un grupo de personas encapuchadas los aguardan.

La película empieza como un claro homenaje al mejor cine de Carpenter, pero la influencia del cine de terror de algunas décadas pasadas se evidencia durante todo el film, especialmente desde lo estético. Parece salida de otra época, con una dirección de arte bastante artesanal.

En cuanto a la galería de personajes hay una intención de crear algunos bien característicos, uno icónico incluso, pero todo queda en la nada. La construcción, en general, es bastante pobre y cuando uno de ellos desaparece un largo rato es fácil olvidarse de él. Además los diálogos no ayudan, algunos pecan por el lado del cliché, otros suenan demasiado forzados y otros tantos simplemente no tienen sentido.

Si hablamos de climas sí logra algunos momentos altos en cuanto al terror propio del género. Especialmente en el principio y cerca del final. Es que además del encierro forzado, pronto se nos presentan unas extrañas criaturas lovecraftianas que sirven para generar ese atractivo inicial que, luego, entre tanto rejunte de situaciones y personajes, se va perdiendo. Más allá del notorio bajo presupuesto algunas escenas están muy bien construidas, otras se perciben un poco más berretas y generan algunas risas involuntarias. La resolución, aunque fallida a nivel argumental, logra generar una atmósfera hipnótica y opresiva.

Justamente es el guion el que no logra sostener el film. Todo se termina tornando demasiado confuso, al mismo tiempo que el interés que nos generaba ese inicio prometedor decrece. Durante la segunda mitad nos damos cuenta de que ningún personaje nos genera empatía alguna y sólo uno parecería actuar de una manera un poco más lógica.

El resto no nos importa y, aunque cada uno tenga sus mambos, su historia detrás, tanto drama no logra generar dimensión en esos personajes sino que alimenta esa mezcla recargada que termina definiendo a la película. Ni siquiera el conflicto principal está desarrollado de manera precisa y a la larga terminan quedando varios agujeros.

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