Crítica de Estrenos

Una mujer, una vida de Stéphane Brizé

Stéphane Brizé dirige Una mujer, una vida, basada en la primera novela de Guy de Maupassant.

Stéphane Brizé dirige Una mujer, una vida, basada en la primera novela de Guy de Maupassant.

Una mujer, una vida es el retrato de una mujer cualquiera del siglo XIX, es simplemente una vida, como muchas, no “la vida de”, aunque por momentos la estructura del film se parezca mucho a la de una biopic.

El director de Algunas horas de primavera y El precio de un hombre enmarca, esta vez, su nueva película en el formato 4:3 y desarrolla su propia adaptación de la primera novela de Guy de Maupassant. Es Judith Chemla la actriz encargada de llevar el rol principal, de transitar cada uno de esos estadíos a los que someten a su personaje y lo hace de una manera sutil y convincente.

Jeanne es una joven llena de ilusiones que tras casarse comienza una vida larga de sufrimiento y desgracias. Una marcada principalmente por los hombres de su vida: un marido que la engaña y un hijo que termina por llevarla a la quiebra.

Es así que a medida que el film se va sucediendo, especialmente después de la segunda mitad, el clima se va tornando cada vez más claustrofóbico hasta llegar a los momentos más insoportables tanto en la vida de Jeanne como en nosotros como espectadores.

Bella y delicada como las flores, la película se aleja de lugares comunes y golpes bajos para permitir que las desgracias vayan cayendo todas de un modo natural y, por lo tanto, mucho más cercano. Un espiral descendente, agridulce, con una fotografía elegante y luminosa y el acercamiento que la cámara en mano permite. Aunque intercalando entre largos diálogos y largos silencios es que por momentos puede sentirse algo lenta.

El mundo en el que vive Jeanne es poco amable con las mujeres, especialmente con alguien tan compleja, inocente pero frágil sólo en apariencia.

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