Crítica de Estrenos

El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui de Lucas Santa Ana

En el documental El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui, de Lucas Santa Ana, se hace un necesario homenaje a un intelectual, un pasional, un espíritu inquieto y ansioso de libertad; un deseo vuelto carne y lucha. 

Estamos empapados por la idea de que la conquista de nuestros derechos es ardua y difícil, sabemos que día a día se acompañan más y más reclamos, conocemos las injusticias, las manifestamos. Vivimos en una sociedad a la que acusamos de lenta, caprichosa, partidista, manipulada y manipuladora y es, muchas veces, en esa visión donde se gestan los pensamientos más desesperanzados. Pareciera, en ocasiones, que levantamos una bandera que más sirve como manto para abrigar las ganas de que todo cambie que como verdadera herramienta de revolución directa.

Una lucha en constante ebullición y la posibilidad, hoy día, de acceder a diversa información que nos acerca a consignas y búsquedas desde cierta pasividad, hacen que asumamos el presente como una caldera de cambio, a veces, frustrante por su permanencia: el ahora se vuelve insufrible porque todo será insuficiente.

Con una edición efectiva y sin riesgos, apoyándose en una narración clásica, por fuera de las nuevas dinámicas más desestructuradas y lúdicas, la luz que El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui echa al asunto es la siguiente: hace un tiempo atrás, relativamente corto, las cosas no eran como las conocemos hoy.

Adentrados los ’90 podías ser estigmatizado, perseguido, censurado, reprimido, perder tu trabajo, sólo por pertenecer a la comunidad gay, por no callar tu deseo. Jáuregui, gestor de la primera Marcha del Orgullo, promotor de la unificación del movimiento (en ese momento) LGBT, se enfrentó con valentía a un paradigma totalmente adverso, estudió los obstáculos basándose en experiencias por fuera de la Argentina, elaboró un plan ambicioso y concreto: para legitimar una lucha hay que visibilizarla, darle identidad, buscar aliados para no atacar desde trincheras diezmadas.

Con oratoria combativa y concisa, Jáuregui logró convertirse en el catalizador de una voz que, hasta ese entonces, era sólo susurros y estereotipos malogrados por el statu quo. Su arma más clara, por supuesto, fue un megáfono que siempre resonó alto y que, articulado con un sencillo mensaje, logró permearse entre las líneas de contención más conservadoras y nefastas para llegar así a la sociedad en su grueso. De modo directo se interpelaba al poder y sus retrógradas normativas pero, indirectamente, se desplegaba, ante el ojo ciudadano, una serie de evidencias que impulsaban, por lo pronto, a estar alertas, a preguntarse, a replantearse, a cuestionar.

Puntuación: 3 de 5.

El material de archivo que el documental expone es valioso y abundante: ex amigos, colegas, parejas, amantes, compañeros de Jáuregui ayudan a tejer una imagen reveladora por su cercanía, inspiradora por su voluntad. Jáuregui logra apropiarse de espacios, crearlos, sentar bases para una resistencia más que necesaria: una resistencia posible. Suma causas, unifica desde el pleno deseo, propone métodos de avance, es incansable en su rol estratega.

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