Crítica de Estrenos

El implacable de Martin Campbell

En El implacable, de Martin Campbell, las ansias de venganza de un hombre desarticulan, sin quererlo, un endeble entramado político internacional y un pasado, que se creía superado, vuelve para interpelar a sus protagonistas.

Luego de que su hija muere en un atentado terrorista, Quan (Jackie Chan) sufre una caída vertiginosa por un túnel de dolor e incertidumbre que, sin escalas, lo lleva a la desesperanza más absoluta. Y cuando la expectativa de un futuro desaparece del horizonte, sólo resta un lugar al que acudir: el pasado.

La tranquila vida de este hombre sexagenario ya no será tal. Con nada para perder, Quan revive a quien supo ser en su juventud y vuelve a la guerra, arremetiendo, sin dudarlo, contra Liam Hennessy (Pierce Brosnan), un oficial del gobierno inglés, encargado de encontrar a los culpables de poner la fatídica bomba que le arrebató a su única familia.

Quan intuye que este hombre, también poseedor de un oscuro pasado, puede saber mucho más de lo que dice y es por eso que decide volverse su sombra, acosando de modo casi infantil e inocente al principio, pero dejando en claro, luego, que no está jugando y que puede ser todo lo peligroso que lo obliguen en tanto no aparezcan los nombres que exige.

Un acuerdo de paz internacional en la cuerda floja y conspiraciones políticas son el trasfondo en el que se mueven estos dos hombres solitarios que comparten, desde ángulos diferentes, una historia previa turbulenta y para nada pacífica: un terreno pantanoso y hostil lleno de muertes que creían haber dejado atrás pero que, de pronto, descubren vivo y latente.

Puntuación: 2 de 5.

Cuestionamientos sobre las causas, el honor y la lealtad nos sirven de desequilibrado trampolín para avanzar en una trama pretenciosa pero no por eso menos efectiva en algunos casos, con tintes clásicos, elegante y prolija desde lo visual, con un Jackie Chan que se luce sin abusar y que va desmayando a golpes, con una facilidad entre admirable y cuestionable, a todos los guardias personales de Liam, un Brosnan conciso pero irregular, que, a su vez, se encuentra en el centro de una red de engaños que lo construyen como un estratega convencido, duro, pero demasiado ingenuo: todo su entorno es una mentira y no tarda en descubrir qué lejos estaba de ser él el que movía los hilos.

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