Crítica de Estrenos

El pasajero de Jaume Collet-Serra

El pasajero nos demuestra que sin importar qué tren se tome el actor Liam Neeson (Búsqueda implacable,  Búsqueda implacable 2) el destino siempre será el mismo para él: cualquiera que sea parte de su familia corre el inminente riesgo de terminar secuestrado o amenazado de muerte, de un día para el otro, por un inesperado enemigo.

Los que solemos tomar un transporte público de modo cotidiano y siguiendo los hilos de una rutina que nos impulsa a repetir horarios y estaciones, empezamos, tarde o temprano, a reconocer rostros entre nuestros habituales compañeros de viaje. Casuales rostros que, descubrimos, nada tienen de casuales, que están ahí haciendo lo mismo que nosotros, personas (ya no son sólo rostros) para los que formamos, sin dudas, parte de otro decorado, uno parecido al que nosotros armamos pero con una diferencia: ya no somos nosotros los supremos dueños-espectadores, sino que apenas una parte de ese fondo, de esa repetición, de ese loop diario que es vivir y consumirnos.

Se inventan nombres, oficios, motivaciones, enteras y vastas biografías… ¿Qué se esconde tras ese otro?

Los más prácticos, claro, abandonarán el universo especulativo e iniciarán una charla.

Michael, ex policía y hombre de familia dedicado, pertenece a este último grupo. Con un contundente montaje inicial vemos momentos de su vida cotidiana repetidos a través del tiempo. Su despertar, su relación con su esposa e hijo, sus suspiros, su voluntad y optimismo, sus frustraciones, su inminente llegada, siempre, a un tren que lo transporta a su trabajo como vendedor de seguros; un trabajo en el que deja claros sus ideales sobre una vida, valga la redundancia, segura.

Sin embargo, el primer día de Michael al que entramos como espectadores es el día en que Michael es despedido injustamente (sin indemnización) y, de pronto, su modesto plan de mantener su entorno en funcionamiento se tambalea. El mundo se muestra hostil: todo cambió. Se rompió el círculo e, incluso, su regreso a casa ya no será como cualquier otro.

Una pasajera a la que Michael (Liam Neeson) nunca vio antes (Vera Farmiga) se sienta frente a él y le ofrece un extraño trato: Michael puede hacerse con una tentadora cantidad de dinero a cambio de que use sus conocimientos sobre las personas que están en ese tren, que él toma hace más de una década, para encontrar a alguien en particular, alguien que se supone no pertenece a ese sitio, alguien por alguna razón peligroso.

Un confundido Michael no tardará en verse envuelto en una conspiración de carácter nacional, descubrirá que lo observan y que su familia está en riesgo si él no sigue las reglas de ese juego que no termina de entender pero del que, por culpa de la curiosidad e instinto de supervivencia que le imprime su nueva necesidad, ya no puede salir. Cuando el tren llegue a su estación final, de un modo u otro, nada será lo mismo.

La construcción del thriller en un espacio reducido y con la conciencia de un tiempo límite sobrevolando el ambiente hace que El pasajero no pierda continuidad, enarbolando un manejo concreto del género y sus inflexiones clásicas, donde la gran cantidad de personajes-pasajeros, rica en estereotipos de suburbio, dibuja un contexto eficiente para sucesivos giros, apreciaciones morales, divagues livianos sobre los desconocidos de siempre con los que nos topamos a menudo y cuantiosas escenas de acción.

Estación tras estación, el verosímil y las posibilidades de una profundidad ulterior abandonan vagones que rápido se llenan de subtramas ambulantes que, por un módico precio y algunas concesiones, nos permiten seguir disfrutando del viaje encabezado por una locomotora cuya fuerza tractora primordial es la comodidad y buen pulso con que Collet-Serra se mueve entre los códigos de una historia de este calibre.

Puntuación: 3 de 5.

La dupla Collet-Serra/Neeson ya ha sabido disfrutar de otros viajes de características similares (Desconocido, Non-Stop – Sin escalasUna noche para sobrevivir) y quedó claro que supieron entenderse. Sin ir más lejos, es Collet-Serra quien termina de catapultar a Neeson a la categoría de héroe de acción, sumándolo a esa lista de clásicos sexagenarios que hoy día siguen subidos a arrolladoras aventuras, cargando en sus arrugas un perfil bien moderno de dura pseudo-nostalgia por tiempos ya lejanos donde todo se resolvía con un par de tiros y golpes bien puestos.

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