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Competencia Vanguardia y Género BAFICI: The Disappeared de Gilad Baram y Braguino de Clémént Cogitore

Dos mediometrajes. Una película sobre la película que realizó una vez el ejército israelí pero luego nunca se vio y otra sobre una aldea alejada de toda sociedad en la que conviven sólo dos familias enfrentadas.

Dos mediometrajes. Una película sobre la película que realizó una vez el ejército israelí pero luego nunca se vio y otra sobre una aldea alejada de toda sociedad en la que conviven sólo dos familias enfrentadas.

The Disappeared

A fines de los ’90, el ejército israelí decide hacer una película. La idea era que funcionara para mostrar y alertar sobre un grave problema que estaban teniendo: el suicidio de jóvenes soldados. No obstante, el proceso se torna cada vez más ambicioso y muta a una película con una trama que se va corriendo del eje central. No se llega a ver nunca porque es censurada, esa película se llamó The Disappeared.

Nosotros, en este documental de Gilad Baram y Adam Kaplan, tampoco vamos a poder ver demasiado. Ni esa película ni los rostros ni nada relacionado a la gente que estuvo metida en ese proyecto. Sólo los escucharemos y leeremos, a través de una pantalla en negro, en los subtítulos. Lo que sí aparece, durante el mediometraje, es la música de aquella película.

La lectura de una escena del guion funciona como prólogo y luego se empieza -a través de diferentes testimonios de personas de las que no tendremos más información que la que ellos mismos nos van cediendo-, a reconstruir la historia desde el momento en que se decide hacer una película sobre los suicidios de los soldados como modo de alerta hasta que se va convirtiendo en una película de ficción con componentes bélicos y amorosos y, sobre todo, una producción de mucho dinero, dinero que salía sin problemas del ejército.

Voces y música, sólo de esos dos elementos está compuesta esta película que cuenta una historia tan increíble como real, mucho más interesante en su contenido que en su forma y, sin embargo, la manera quizás más adecuada de hablar sobre una película que nadie vio ni, probablemente, verá.

Braguino

La premisa de Braguino, documental dirigido por Clémént Cogitore sobre una aldea en Siberia alejada de cualquier pueblo, remite un poco a Santoalla, documental que participó el año pasado de la Competencia de Vanguardia y Género. Así como en ella, en un terreno que no es de nadie y que se encuentra alejado de todo, conviven dos familias. Dos familias que viven enfrentadas porque no se llevan y porque cada una planea algo diferente para su futuro.

En Braguino no hay ninguna persona desaparecida como en Santoalla pero el enfrentamiento es claro: mientras los Braguino viven de un modo más rústico y tradicional, los Kiline son algo más capitalistas y piensan en expandirse legalmente. En un momento se menciona ese tema, el de los papeles, lo legal, la propiedad. ¿Cómo se apodera uno de algo que no es de nadie? ¿Qué tiene a favor uno por sobre el otro? Estamos hablando de estar en el medio del bosque, alejados de cualquier civilización.

Braguino está narrada con un tono por lo general oscuro. Empieza y termina con la mención a una pesadilla premonitoria. Sin embargo encuentra algo más de aire cuando los niños de ambas familias se encuentran. Entre ellos no hay todo lo que hay entre los adultos, si bien el encuentro al principio parece cargado de tensión. Son simplemente niños, juegan y observan con sus miradas infantiles y llenas de inocencia.

El film acierta a la hora de retratar un estilo de vida a simple vista anticuado pero ante todo sencillo. No obstante, el director le quiere imprimir cierta tensión que al finalizar termina sobrando, tal vez porque no lo termina de explotar.

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