Festivales Festivales Argentinos

Segunda crónica 34 MDQ por Rodolfo Weisskirch

Las secciones Autores y Hora Cero muestran los últimos trabajos de notables maestros del cine en su mejor momento. Desde Marco Bellocchio hasta Takashi Miike, pasando por Celine Sciamma, los films que han impactado en Cannes y otros festivales, se encuentran entre lo más destacado de esta jornada.

Las secciones Autores y Hora Cero muestran los últimos trabajos de notables maestros del cine en su mejor momento. Desde Marco Bellocchio hasta Takashi Miike, pasando por Celine Sciamma, los films que han impactado en Cannes y otros festivales, se encuentran entre lo más destacado de esta jornada.

A veces, entre tantas óperas primas, films vanguardistas, nuevos autores, vale la pena regresar a los veteranos. Las secciones Autores y Hora Cero proporcionan encuentros con lo último de los grandes maestros que, a veces, no llegan a las salas comerciales.

Marco Bellocchio regresa en plena forma con Il Traditore. Exhibida en Cannes, este drama épico de casi dos horas y media, muestra al cineasta de 80 años en su faceta más comercial, pero a la vez más operística. Aunque varios fanáticos le critican cierto distanciamiento de sus habituales temáticas, Il Traditore es prácticamente una obra maestra contemporánea que narra 20 años en la vida de Tommaso Buschetta, gángster siciliano de los años 70 y 80 que traicionó a la Cosa Nostra en revancha por el asesinato de sus hijos, y para cuidar su vida y la del resto de su familia.

Bellocchio construye una epopeya que bebe de las raíces del cine de mafias de los años 70, desde Mario Bava hasta Damiano Damiani, pero también de la mirada más operística con puntos en común con El padrino y Buenos muchachos. El film arranca con una potencia atípica. Asesinatos, presentación de los miembros de la mafia en medio de una fiesta, guerra de heroína. El protagonista haciendo su vida en Brasil, mientras en Italia las familias se matan mutuamente.

Cuando Buschetta es atrapado y extraditado, su vida sigue en la cárcel de Roma, donde establece una amistad entrañable con el juez Falcone que decidió atrapar a todos los capos mafiosos. A través de un testimonio de casi 500 páginas, Buschetta denunció a todos los jefes de la camorra. Si bien el film en la segunda media hora se resiente un poco, y baja el ritmo y la intensidad, a partir de la segunda hora, con la reproducción de los juicios vuelve a tener un ritmo arrasador plagado de humor.

Bellocchio no sólo es un narrador increíble, ágil, inteligente, sino que además es un meticuloso constructor de escenas y escenarios. Cada personaje tiene una personalidad maravillosa y ninguna actuación es caricaturesca. Cada intérprete le adjudica a su personaje humanidad, maldad y melancolía. Es un film que consigue sentir empatía por un asesino y narcotraficante en búsqueda de la redención. La familia, las tradiciones, cada detalle es magnífico. La violencia seca, nada romántica, lo diferencia de los ítalo-estadounidenses. Bellocchio provoca que uno se encariñe con Buschetta pero él no lo hace.

Es tan ambiciosa y tiene tantos matices que es imposible resumir su magnificencia cinematográfica en pocas palabras. Hay que verla y disfrutarla de principio a fin. La fotografía narra, los efectos especiales narran. Bellocchio sorprende a cada minuto y es destacable que, aunque lo que sucede fue vox populi y muy conocido a nivel histórico, el director logra sorprender igualmente. Y el humor ayuda realmente a descomprimir. Notable. Lo mejor del Festival.

Portrait de la jeune fille en un feu es la nueva obra de Celine Sciamma (Tomboy), una hermosa historia romántica que sucede en una casa a orillas del mar. Ahí llega una pintora con la misión de retratar a la hija de la propietaria que está a punto de casarse. Entre ambas chicas comienza un progresivo romance, narrado a través de pequeños gestos y miradas. Sciamma le presta menos atención a la reconstrucción de época que a la de una relación que debe mantenerse en secreto. Sin embargo no hace un subrayado en el tema en sí. Para Sciamma, la prioridad es el amor y el arco narrativo de los personajes. La química entra las actrices es admirable, así como la fotografía.

La directora libera a los personajes de prejuicios. Desea que sean libres, y aun en una sociedad tan misógina como aquella, las convierte en heroínas entre las sombras, que triunfan y pueden manifestar sus sentimientos con libertad una con la otra, sin represiones, más que la que se relaciona con la mirada social. El factor musical es fundamental porque comunica aquello que no se dice. La película evade prácticamente todos los clisés del melodrama, pero también se afirma como tal. El guión, triunfador en Cannes, es tan clásico como redondo, y el final tiene una potencia emotiva contundente.

Con grandes actuaciones, una hermosa narración y un cuidado artístico/pictórico destacable, Portrait de la jeune fille en un feu es un relato atrapante, atractivo, dinámico, genuinamente romántico y orgullosamente clásico. Contemporáneo en su mensaje y oportuno, en más de un sentido.

Con Takashi Miike no existen términos medios. Se lo ama o se lo odia. Es uno de los directores comerciales más polémicos y controvertidos. Con una estética, generalmente, pop, refleja el espíritu de la juventud, desde hace 40 años. First Love es un relato divertido y satírico que incluye drogas, boxeadores y guerras yakuzas. Con un montaje dinámico y ágil va armando un rompecabezas con un boxeador que piensa que tiene un tumor cerebral, una prostituta que se siente perseguida por el fantasma de su padre (delirante imagen) y un asesino yakuza que desea establecer una guerra entra la mafia china y la japonesa por el control de la droga, para luego engañarlos y quedarse con todo. Tiene la ayuda de un policía corrupto y deprimente.

Menos sangrienta y fantástica que otras obras del director de Audition, First Love tiene un romance progresivo también, que deriva de sobrevivir a situaciones de peligro constante. Uno podría encontrar conexiones con John Wick o el cine de Guy Ritchie, y tendría razón. Miike es un director muy occidental, pero First Love tiene un humor negrísimo reconocible y situaciones al borde del ridículo, el absurdo y el terror. Quizás no depara tantas sorpresas como uno esperaría, pero la adrenalina del relato es constante, y el eje de la narración es acción pura con coreografías increíbles que incluyen tiros y guerra de espadas. Vuelan cabezas en un formato soft y agradable.

Animada en más de un sentido, First Love muestra a un Miike inspirado y creativo que no atraviesa el momento lisérgico y original, pero mantiene la esencia de sus obsesiones y personajes, con referencias al manga y un amor genuino por el grotesco.

A %d blogueros les gusta esto: