Crítica de Estrenos

Corsario de Raúl Perrone

A través de Cine.Ar Estrenos nos llega la última película del prolífico Raúl Perrone, Corsario, un experimento dedicado a su amor por Pasolini que cierra, quizás, la trilogía de homenajes compuesta por P3nd3jo5 y Ragazzi.

La última película del director Raúl Perrone es un poema audiovisual sobre Pier Paolo Passolini. La palabra poema la utiliza el mismo Perrone y ya modela una manera de verla.

Corsario empieza con una escena de casting. Un director lookeado como Pasolini, junto a alguien que podría ser su asistente, les hace recitar a diferentes jóvenes “Veo a los muchachos del verano” de Dylan Thomas. Aspirantes que se caracterizan por una apariencia andrógina.

El resto de la película es una especie de recorrido de este Pasolini, que va caminando las calles de Ituzaingó con su cámara, filmando a muchachos a los que les dedica unas líneas pasionales, dichas en italiano. Recita algunas frases que le pide prestadas a Paul Verlaine: que le gustan los muchachos obreros, jóvenes, dice que su deseo está cansado pero jamás vencido, se confiesa que tuvo incontable cantidad de amantes aunque nunca fueron demasiados.

Al estar rodada con una cámara estenopeica, las imágenes tienen una apariencia rústica que nos trasladan a una época pasada. Perrone experimenta y parece jugar, como en aquella escena en que los planos se superponen en un mismo encuadre y le brinda una apariencia fantasmal a su protagonista.

En el medio se cuelan, esta vez a color, algunas imágenes eróticas de flores. El color no volverá hasta una secuencia con recreaciones de obras pictóricas de Caravaggio. El erotismo a flor de piel.

La repetición de algunos textos, las imágenes que después de un rato casi no deparan sorpresa, hacen de Corsario una película no argumental que apuesta por la experiencia. Una experiencia que trasciende lo audiovisual ya que, gracias al uso del dispositivo, se pueden sentir hasta las texturas, dejando de lado la definición y nitidez que las películas actuales siempre ofrecen.

Puntuación: 3 de 5.

Corsario es una carta de amor a Pasolini. Austera, repetitiva, a veces erótica y otras caprichosa. El resultado de un realizador que sigue experimentando en y con su cine.

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