Crítica de Estrenos

Corazón loco de Marcos Carnevale

Se estrenó en Netflix la nueva película protagonizada por Adrián Suar del director Marcos Carnevale, ambos coguionistas, cuyo género pareciera apuntar a la típica comedia de enredos pero su narrativa huele a vencida, por no decir rancia, en cuestiones sociales, humanas y de género, pues en su relato predomina la misoginia y el clasismo como eje principal del humor.

Fernando Ferro (Adrián Suar) es un médico traumatólogo que lleva una doble vida. De lunes a jueves convive, hace 19 años, en Mar del Plata con su esposa Paula (Gabriela Toscano), una maestra jardinera, un poco torpe, sumisa e inocentona, y con sus dos hijas adolescentes; mientras que de viernes a domingo, desde hace ya 9 años, es el esposo de Vera (Soledad Villamil), una especialista en nefrología, mujer de carácter, con la que tiene un hijo de cinco años y viven en CABA. Ninguna de las dos mujeres sabe de la existencia de la otra. El conflicto en términos de guion, porque realizativamente la película es un gran conflicto humano en sí misma, reside en que ambas mujeres descubren el engaño, luego de un incidente vial que sufre Suar, y entonces deciden unirse para vengarse de él.

La historia comienza con Fernando recostado sobre lo que parece ser una vereda de calle. La cámara gira por encima de su rostro, dando la sensación de estar mareado, mientras su propia voz en off expresa: “Este soy yo, un hombre como cualquier otro, sin embargo, tengo algo que me hace diferente, tengo un corazón demasiado grande…” y continúa presentándose como un buen tipo que ama por igual a ambas mujeres porque su capacidad de amar es mayor a la de cualquier otro y que esa es su patología (?). Pareciera que el amor romántico es la excusa perfecta para empezar a explicar los engaños nefastos de este cis hetero con privilegios.

A medida que se va desarrollando la trama, cuesta entender que sea un estreno del 2020. No sólo porque ningún gag funciona, o porque los personajes son estereotipos arcaicos de imágenes del 80 que se sienten tan forzados y fuera de timing que duele verlas fracasar a actrices de la talla de Toscano y Villamil (mención aparte para la labor destacable de Alan Sabbagh, quien parece ser el único personaje coherente del film), o porque la puesta de cámara es simplona y pareciera estar sólo al servicio de los PNTs (chivos publicitarios en escena, como el Parador Atalaya), sino porque es una historia construida desde una mirada que nos atrasa como sociedad, que nos subestima, y no solamente al género femenino, pues creo que les espectadores estamos un poco hartes de consumir comedias misóginas, donde el chiste descansa en la superficie machista de reírse de la mujer “loca”.

Volviendo a la trama, Fernando es un mentiroso compulsivo pero un tipazo de buen corazón (?), con el único detalle de que tiene dos familias, dos vidas, dos trabajos, dos casas, dos autos, dos teléfonos, dos mujeres a las que él ama con locura pero que no les cuenta de la existencia de la otra porque no lo comprenderían (?). Su personaje habla todo el tiempo sobre la existencia de la poligamia en varios países por lo que él no siente estar “equivocado” con su vida. Recordemos juntxs que la poligamia es un tipo de matrimonio en el cual se permite, legalmente, a una persona estar casada con varixs al mismo tiempo y que esas personas saben de la existencia de las demás, y que en países islámicos sólo está al alcance de una minoría de varones económicamente poderosos. (¡Acá no pasa eso, sus compañeras son engañadas!).

Podría pasar horas escribiendo sobre la película pero sólo les voy a dejar algunas frases (literales) que aparecen en la película como forma de “chiste”. Al proceso que realiza el protagonista en su camino de ida o de vuelta en la ruta 2 (específicamente en el Parador Atalaya), donde se cambia de ropa, de auto y se convierte en el marido ideal para una de sus mujeres, Suar y Carnevale le llaman “el trámite”. Cuando Fernando está en la clínica, luego del incidente vial, le dice al personaje de Gabriela Toscano, la cual está asustada por el “choque” y no para de hacerle preguntas, “no escuches, no hables, no mires” en relación a que está nervioso ya que su otra mujer también se encuentra en la clínica y no quiere que se conozcan, entonces “el buen tipo” le prohíbe directamente existir. Cuando es trasladado por un camillero por los pasillos de la clínica para ir a hacerse estudios, le dice que se vaya para el departamento, que él ya está bien y que en una hora va para allá, a lo que el camillero irrumpe y le dice que va a tardar más tiempo que una hora, a lo que el personaje de Suar le responde de forma agresiva “Yo soy traumatólogo ¿Vos que sos? ¿Enfermero? ¿Camillero? ¿Qué sos?”. El camillero le responde que es eso y Suar, el buen tipo, le responde “entonces limítate a hablar como tal”, rebajándolo. Y cuando regresa a su apartamento, su mujer (Toscano) le señala “te robaron el anillo” de casados, a lo que Suar, el buen tipo, le responde “seguro fueron las enfermeras, hijas de puta”. No hay remate.

La película consigue, de alguna forma perversa, convertir a les personajes femeninos engañados en villanas sádicas, locas y revanchistas mientras que al personaje de Fernando Ferro lo ubica en el lugar de un buen tipo, un violento justificable porque ama demasiado, un incomprendido… sí amigues… Adrián Suar es la víctima de la historia.

Puntuación: 1 de 5.

Corazón Loco representa todo lo que está mal actualmente en la sociedad y en la comedia del cine argentino.

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